Paseando, recordando

Comencé a recordar episodios de infancia, en el pueblo, esos que pasan inadvertidos pero que de alguna manera marcan nuestras vidas, esa amiga que desde que le dices vamos, se establece como un juramento no pronunciado, pero tan verdadero, por el que pensamos que seriamos inseparables, hasta que el tiempo y otros quehaceres nos lo arrebato.

Y me acorde de esa vez que saltamos la valla de una casa abandonada en un descampado a medio camino del colegio a casa, para meter una perrita embarazada, porque era invierno, porque el padre de los futuros cachorros era su perro ¿? –el perro nunca lo confirmo, ni le importo- y así transcurrieron los días, ansiando salir de clase, o escaparnos de casa, para proporcionarle comida, un día un pastor al que considerábamos sordo y mudo se resguardo de la lluvia bajo el alfeizar de la ventana y cantaba (mudo?), nosotras asustadas y emocionadas en silencio casi sin respirar para que no nos oyera (sordo?)

Y no he podido parar de sonreír (me he reído tanto que he ocasionado miradas raras en los viandantes y ciclistas que me cruzaba) porque fue una aventura ¿Qué no? ¡Toda una aventura¡ y así hubo más, los cachorros los trasladamos a un corralón abandonado… Y así fuimos creciendo tratando de vivir la vida que nos toco a mil.

Y aunque ya no sé nada de ella, se que un día paseando con su perro (estoy segura que tiene uno) se acordara como yo de esto y como una tonta, como yo, ira riendo y ocasionara miradas raras.
Porque a ti, amiga, aunque nos separamos, los recuerdos no saben de distancias y estarán en nosotras para siempre.


Un Beso enorme.


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