¿¡TRABAJO VS MATERNIDAD !?




Siete y cuarto de la mañana, sonrío, da igual que este rota tendré que ser de una pieza, de momento atender al estómago que  con este guisante dentro ruge reclamando sustento, y al mismo tiempo mi cabeza gritándome que me denegaran el ansiado y merecido puesto, se lo darán a mi compañero con menos experiencia, pero claro él no está embarazado… ¡joder! Maldita cremallera siempre se atasca… que ganas tuve de plantarle una guanta cuando le oí decir que las mujeres no tienen perspectiva, son más de andar por casa ¡cretino!

Estar embarazada no quiere decir que de un día para otro disminuya la capacidad de trabajo, como si el coeficiente intelectual se esfumase, pero ahí está la realidad, el trabajo se complica, anda que han tardado en dejarme fuera de todos los asuntos importantes, y por si fuera poco este marido mío al que lo único que se le ocurrió decir es, pues déjalo, no necesitamos tu sueldo, ¿perdonaaaa?  ¿Quién es este ser egoísta con el que llevo conviviendo tantos años, que aún no se ha dado cuenta de que me gusta mi trabajo? Y encima soy buena en lo que hago, me gusta mi profesión y no solo por el dinero, que también, porque tengo claro que no quiero depender de nadie, dejar mi vida a merced de otra persona que no sea yo. Porque la vida tiene días de cuento, pero otras veces se comporta peor que la madrastra de Blancanieves.  Y si se presenta el lobo de Caperucita quiero estar preparada porque igual ese día los leñadores están de siesta.

Estoy más que harta de tener que demostrar todos los días lo cualificada que estoy, da igual si estoy cansada o enferma, que injusto guisante, porque eres como un guisante, eso me dijo la doctora, un guisante con dos manchitas que serán tus ojos, una hendidura que será tu boca, empiezan a brotar los brazos y pronto las piernas, y tu corazón late a ciento cincuenta pulsaciones por minuto y todo bien sujeto al cordón umbilical como un astronauta flotando en el  espacio.

Pasan los días y me asaltan las dudas, me fallan las fuerzas, tanto acoso laboral… y tu padre, guisante,  que parece estar encantado con la idea de tenerme en casa cuidándote y cuidándolo, y claro yo me pregunto ¿podría acostumbrarme a la apacible vida de mamá y ama de casa? Formar parte de la pandilla del paseíto y desayuno, esas madres que tras dejar a sus hijos en la puerta del colegio dilatan la vuelta para cotillear un rato, hablar de ropa y comidas, así era mi madre, dulce y cariñosa, tan sencilla y complicada a partes iguales, sin tomar grandes decisiones en su vida, ya lo hicieron por ella su padre primero y luego tomo el relevo su marido que la protegieron de todas las madrastras y lobos, y ella fue feliz en esa realidad, así la educaron solía decirme, teniendo como única preocupación sus hijos el quehacer de su casa, las amigas y por encima de todo el amor que le profesaba a su marido, y que orgullosa estoy de ella.

Pero yo no soy así, ni mejor ni peor, distinta.

¿Y sabes guisante? ¡Que les den! Cuidare de ti y de mí, saldremos adelante, cuentas con la fuerza de mi amor, mis brazos para acunarte y mi pecho para alimentarte, creo que para empezar no necesitas más, después tendremos que ir improvisando. Aunque me estoy quedando muy sola en esto… ¡Dios que sola me estoy quedando!






Para todas las madres, trabajadoras o no, todas estamos en la misma lucha.


Comentarios

  1. Muy bonito el relato manifiesta que a pesar de ser madres. Somos mujeres independientes que queremos trabajar para forjarnos un futuro en lo que nos ha preparado la vida, para trabajar y poder decidir lo que queremos hacer, sin depender de que nos mantengan. Haz de la vida lo que tu deseas y lucha por un puesto en la sociedad. Es lo más justo.
    Un abrazo.

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